EN LA OPINIÓN

Octavio Muñoz Mendoza

Exalumno de la Universidad de Colima

En días pasados un grupo de estudiantes organizados alrededor del “Colectivo de Resistencia Estudiantil”, inició una serie de protestas frente a la Universidad de Colima y su rostro más visible, el rector, Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño, quien apenas inició su periodo rectoral el primero de febrero de 2021. Ello arrojó algunas interrogantes: ¿Cómo se explica que, apenas en los inicios del nuevo rectorado, ya se hayan organizado estas manifestaciones? y ¿Qué determinación tomará la autoridad universitaria ante ello?

La primera protesta estudiantil se dio el nueve de febrero, teniendo como grito de guerra “Si no lo usamos no lo pagamos”, refiriéndose a las cuotas de talleres y laboratorios, un concepto que se incluye en la colegiatura semestral de los universitarios y representa más de la mitad del costo total a pagar. La solicitud es clara, dado que, en tiempos de pandemia, con las aulas vacías y la educación a distancia, no se han usado los laboratorios y talleres en las instalaciones universitarias, y por eso que no deben cobrarse, dicen los estudiantes.

En un comunicado del 12 de febrero, firmado por el nuevo rector en evidente respuesta a las protestas, se dice que la universidad no ha subido sus aranceles desde hace ocho años, que otorgaron para este semestre un ´descuento´ de 25 por ciento en cuota de talleres y laboratorios, que con los recursos recaudados se está trabajando para atender a los estudiantes con nuevas herramientas electrónicas, y hasta dan la posibilidad para que la colegiatura pueda ser cubierta en dos parcialidades si así lo solicitan los estudiantes individualmente.

El comunicado fue rápidamente replicado por algunos trabajadores, autoridades universitarias, miembros de la Federación de Estudiantes Colimenses (FEC), organización históricamente aliada a la cúpula universitaria, así como medios de comunicación y escritores tradicionalmente vinculados al gobierno del estado. En esa tónica, esas voces señalaban a los estudiantes como impuros políticamente, vinculados al partido de Morena y más específicamente al legislador local Vladimir Parra.

Otras voces orgánicas expresaban que, según su criterio, es necesario que los estudiantes (en su mayoría de licenciatura y bachillerato) ´valoren´ la universidad, que reconozcan su calidad y sus colegiaturas, pues éstas no se igualan a las que una universidad privada cobraría.

Eso sí, ellos nada dijeron sobre la falta de respuesta formal de rectoría, al escrito con protestas y peticiones que entregó el grupo de estudiantes desde el nueve de febrero de 2021, ni mucho menos cuestionaron el por qué nadie en la universidad recibió a los manifestantes ni una sola vez.

La respuesta del nuevo rector al enfrentar las protestas, evidencia a aquellos que le susurran al oído, el grupo político que ha heredado el control en la universidad, el mismo que aparentemente está atrás de su nombramiento rectoral, el llamado Grupo Universidad, sector del PRI que, sometiendo a la FEC, ha hecho de ésta su ventanilla estudiantil de control y gestión.

Un grupo que ha cercado a la universidad, evitando la crítica y su democratización interna e inhibiendo a toda costa la auscultación social, bajo el argumento de la supuesta autonomía universitaria, ese sector ha hecho que la Rectoría esté tan cercana al gobierno del estado y tan lejana de la sociedad. Protestas en el pasado, de universitarios libres, han demostrado que fuera de ese círculo, no existe nada, no existe nadie.

Mucho más lejos del oído del rector, mucho más aun de los muros universitarios, están los estudiantes, quienes tendrían que ser la razón de ser de la universidad, ahora están peleando la reducción de colegiaturas, lucha legitima con la que buscan al rector, rostro de la universidad, sin conseguirlo.

Al contrario, sus protestas han sido acalladas con puertas que no se abren para ellos, jamás han sido recibidos, mucho menos escuchados, tal vez por pensar diferente. Pero ¿de qué sirve la educación si no genera una praxis liberadora? ¿Cuál es su función sino permite que los estudiantes tengan un pensamiento libre y un criterio propio? ¿Acaso es la Universidad un centro de adoctrinamiento político? O es que ¿solo es un taller formativo para la empresa?

El rector Christian Torres Ortiz es nieto del fundador de la Universidad, el coronel Pedro Torres Ortiz, por tanto, tiene una carga histórica importante. Inició un nuevo proceso, realizó muchos nombramientos, cuadros jóvenes y otros con cierta experiencia, pero las prácticas de puertas cerradas con que inició parecen ser las mismas que ha heredado del grupo que controla políticamente la vida universitaria. ¿Entonces a quién quiere mantener cerca el nuevo rector universitario? ¿A los estudiantes o al Grupo PRI-Universidad?

Hay quienes dirán que el conflicto actual se resuelve solo atendiendo el pedimento sobre las cuotas de talleres y laboratorios, que tal vez un descuento sustancioso calme las aguas, pero ¿es acaso la Universidad un actor comercial que busque satisfacer a sus clientes con atractivas promociones?

Para el caso de la disminución de los aranceles universitarios, la Constitución Federal en su artículo tercero expresa muy puntualmente: “Toda la educación que el Estado imparta será gratuita”. En suma, no hay discusión, la educación pública que da la Universidad de Colima tendrá que ser gratis por mandato constitucional, no sólo se tendría que eximir el cobro de cuotas y talleres, sino toda la colegiatura.

Ojalá los estudiantes promuevan acciones legales para exigirlo; las autoridades universitarias, el gobernador del Estado y la Federación tendrían que buscar medios para lograrlo en aplicación de nuestros impuestos, pero, mientras ellas están calladas, los estudiantes son tachados de enemigos.

Insisto, el asunto de las cuotas es el examen inicial para el nuevo rector. ¿Hacia dónde llevará la universidad el rector Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño? ¿Hacia el camino del autoritarismo que le heredó el Grupo Universidad? ¿O podrá independizarse y dirigir a la comunidad universitaria hacia un horizonte distinto? Tiene una gran oportunidad para fijar su liderazgo. Veremos.

Si sigue la tradición insensible y dictatorial, el rector buscaría callar a los estudiantes ya sea ahogando sus propuestas con el tiempo y con la razón incuestionable de quien detenta el poder u ofreciendo como hasta ahora, mediocres descuentos, mientras se esconde en el edificio de la Rectoría que le reditúa en salario más que al presidente. O, bien si decide alejarse un poco de esa terrible tradición autoritaria, de forma prudentemente hacia la independencia, para discernir más allá de las voces del grupo que le susurra, podría, sin miramientos o apariencias, abrir por fin las puertas universitarias y permitir el encuentro, el dialogo y la pluralidad de pensamiento, primero con estudiantes, luego con toda la comunidad que le espera. ¿Qué no es para eso que existen las universidades?